12 de febrero de 2010
El coro pamplonés escenifica "Carmina Burana" en Baluarte frente a 6.000 personas. Las entradas se agotaron hace tiempo para ver al Orfeón junto a La Fura dels Baus y la Orquesta Sinfónica de Navarra
MICHELLE UNZUÉ . PAMPLONA .Todavía guarda en el teléfono móvil el mensaje que recibió cuando le confirmaron que era una de las elegidas para escenificar Carmina Burana junto a la compañía catalana La Fura dels Baus.
Y hoy, por fin, tras cantar en San Sebastián y Barcelona, la soprano Mª José Pizarro Maqueda, de 45 años, podrá subirse al escenario para actuar entre los suyos, en casa. La misma ilusión la comparten los 94 componentes restantes del Orfeón Pamplonés que participan en este gran montaje en Baluarte. El cartel de entradas agotadas se colgó hace tiempo para la función de hoy y mañana a las 20 horas en el auditorio pamplonés, y por ello sacaron una doble función el domingo que ha tenido el mismo éxito que sus predecesoras. La música también tiene firma navarra, con la participación de la Orquesta Sinfónica de Navarra.
El barítono Javier Elía Izu, de 68 años, es un veterano orfeonista que confiesa seguir poniéndose nervioso antes de cada función. "Este Carmina Burana está siendo una experiencia muy buena. Es un concierto espectacular porque tiene mucho ritmo, está mezclado con un gregoriano muy sonoro, y el texto da mucho juego para hacer una representación", aseguraba ayer entre los ensayos.
La interpretación, clave
Porque los cantos medievales que inspiraron al Carmina Burana de Carl Orff en el siglo XIX ahora cobran vida de la mano de los siempre creativos La Fura dels Baus. Dirigida por Carlus Padrissa, la formación catalana exprime al máximo al Orfeón porque varios de sus componentes también se suman a la parte escénica, con gran componente sensorial. Mª José y Nerea Cristóbal Olmedo, contralto de 34 años de edad, son dos de las "elegidas".
"Mientras que al cantar estamos más hieráticos la parte escénica crea más tensión, cambia el trato con el público; tienes que mirarle, gesticular... Al actuar entre el público tienes más responsabilidad, si haces algo mal se nota", explicaba Nerea Cristóbal.
El hecho de actuar, además de cantar, hace que los orfeonistas hayan tenido que cambiar de mentalidad y metodología de trabajo."Como cantantes estamos muy dirigidos, pero ahora nos han dado unas pinceladas para que desarrollemos nuestra vena creativa. Los de La Fura dels Baus me parecen unos genios creativos, son muy amarillos. En los tests de personalidad de colores que te hacen el amarillo es el entusiasta, el creador... Los orfeonistas en cambio somos muy azules: organizados, muy detallistas... y por eso es enriquecedor tener que adaptarnos unos a otros", señalaba Mª José.
Después de dos semanas y media de ensayos en su local, los orfeonistas aterrizaron el miércoles en Baluarte para realizar las útimas pruebas. Hoy ya no hay marcha atrás, y los protagonistas tienen muy presente la adrenalina del directo. Tanta exigencia han puesto en el montaje que una de las orfeonistas, Aurora Alfonso, ha diseñado unas camisetas con el letrero I survived Carmina Burana (Yo sobreviví a Carmina Burana).
"Actuar en casa es demostrar el trabajo silencioso que hace durante todo el año el Orfeón y los ensayos que luego plasmamos en un escenario. Si la gente lo acoge bien estás diciendo "Éste es el trabajo que yo hago continuamente", con él vamos fuera de Pamplona y Navarra y sabemos que representamos a la comunidad, lo que me motiva muchísimo", compartía Javier Elía.
Próxima parada, Nueva York
El presente del Orfeón Pamplés suena muy dulce, laboralmente hablando. Tienen que firmar las siguientes actuaciones con Carmina Burana, tanto en el ámbito nacional como europeo, pero ya están con las voces puestas en su próximo reto a escala transatlántica: actuar en Estados Unidos. Porque el 19 de octubre el Orfeón recalará en el Kennedy Center de Washington para interpretar la 2ª sinfonía de Mahler. El 20 y 21 de octubre se trasladarán al Carnegie Hall de Nueva York para interpretar la Octava del mismo autor.
La expectación entre los orfeonistas ante el viaje es grande. "Todavía no sabemos quiénes van a ir o no, nos harán unas pruebas porque sólo pueden ir 60 personas", aventuraba Javier. Los tres orfeonistas confesaron que irían encantados, y que no tendrían trabas ni laborales ni familiares. Porque sus familias han comprendido que lo suyo es auténtica vocación. "Mucha gente me pregunta si todas las horas que dedicamos no nos las pagan. Nos lo dicen mucho, pero si nos pagaran la motivación sería diferente, no nos entregaríamos tanto", concluía Nerea antes de incorporarse a los ensayos.
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