Orfeón Pamplonés
Noticias - Críticas y Crónicas en prensa

Tarde inhabitual de rarezas sin facilidades

Medio: Diario de Navarra. Por Fernando Pérez Ollo.
Fecha: 28 de marzo de 2010

Intérpretes: Pía Freund, soprano. orfeón Pamplonés. Orquesta Sinfónica de Navarra.
Programa: Sinfonía nº1 en do menor, op 11 de F. Mendelssohn; en la segunda parte, Begrabnisgesang, op 13, de J. Brahms y Salmo XLII, Wie der Hirsch schreti nacht frischen Wasser op 42, de Mendelssohn.
Director: Ernest Martínez Izquierdo.
Incidencias: Jueves y viernes. Noveno concierto de la OSN. Concertino: Miguel Borrego. Órgano: Pedro Rodríguez. Entrada habitual. Aplausos hipotensos en la sinfonía, más cálidos tras Brahms y, en la obra final, ovación, saludos, tres salidas de directores y solista y flores para los tres.

El coro fue una masa compacta y segura y la soprano, con oficio, nórdica y sin vibrato,clara de timbre y de dicción, sin ser una voz de belleza turbadora, supo transmitir muy bien, acaso mejor el Meine Seele dürstet nach Gottque la sencilla melodía del número siguiente. Tarde de triunfo del Orfeón. Se trataba de Brahms, no de Carmina Burana(por favor, Cármina).

Lo eran aquí las tres obras de la tarde. Por supuesto, el "Canto fúnebre" de Brahms (en rigor, Begräbnisgesang es Canción de sepelio y de hecho Brahms explicó en carta a Clara Schumann que la orquestación definitiva de este canto, sin cuerdas, tenía la intención de que pudiera interpretarse, como Grabgesang, junto a la sepultura).
No es menos infrecuente en nuestras salas el Salmo 42 de Mendelssohn, que Schumann consideró la obra maestra de la música religiosa creada por su amigo y de toda la de su tiempo. Y lo mismo vale para la sinfonía nº 1 de ese autor, rara vez interpretada. Tal ausencia no es fortuita. El nombre de Mendelssohn no basta para poner en los atriles esa sinfonía primera -descontadas las siete juveniles para cuerda-, aunque lo merezca: otras, en especial a partir de la tercera, "Escocesa", deparan más interés.

Las siete estrofas del "Canto fúnebre", a cinco voces mixtas, encajan en la tradición luterana ante la muerte, tradición austera, horra de sentimentalismo enfermizo y grávida de confianza pietista. Piénsese en las "Musikalische exequien" de Schütz, el Actus tragicus" de Bach y aun el "Ein deutsches Requiem" brahmsiano. Ese carácter severo se impone desde la primera entrada de las voces más graves, "Nun lasst uns den Leib begraben", que Brahms indica tempo di marcia funebre, y lo acentúa el silencio de las voces blancas en los treinta compases iniciales. La segunda estrofa señala el primer puñado de tierra arrojada a la fosa -Erd ist er und von der Erden-, pero la entrada de las sopranos, precedida por un crescendo, evoca luminosamente el Juicio Final -Wenn Gottes Posaun wird angehn-, mientras que la tercera -Seine Seele lebt ewig in Gott- invoca la Gracia divina purificadora. En la parte central del poema callan los bajos y Brahms estampa su huella en el tercer verso de la cuarta estrofa: Er hat getragen Christi Joch. Confiado el cuerpo a la tierra, la conclusión del poema de Michael Weisse, publicado en 1531, invita a retomar las ocupaciones de la vida diaria y actuar con diligencia, pues la muerte nos llegará igual que al difunto-Denn der Tod kommt uns gleicher Weiss-. El juego de las voces secundó con eficacia los contrastes de timbre y de color, si bien a veces los ataques y el volumen traicionaban el sentido de los textos. Destacaría, entre los dieciséis instrumentistas de madera y metal, los trinos del clarinete en la tercera estrofa. El solo de clarinete en el trio del minuetto fue lo más notable de la sinfonía, más atropellada que veloz.

Mendelssonh trabajó el Salmo XLII -llamada desesperada del alma sedienta de Dios- en plena luna de miel en Renania, lo cual puede sonar sorprendente. No lo es. El de Mendelssohn fue un ardiente y tierno regalo nupcial, impregnado de confianza melancólica, que escoge el tono de fa -tradicionalmente pastoral: recuérdese la Sexta de Beethoven- recalcado por el uso de cuatro trompas en ese tono. La versión fue potente, decidida, sin claroscuros, pricipalmente el quinteto "Der Herr hat des Tages verheissen seine Güte", algo traicionado en su suave remate, y el rotundo maestoso final, más bien profano. El coro fue una masa compacta y segura y la soprano, con oficio, nórdica y sin vibrato,clara de timbre y de dicción, sin ser una voz de belleza turbadora, supo transmitir muy bien, acaso mejor el Meine Seele dürstet nach Gottque la sencilla melodía del número siguiente.

Tarde de triunfo del Orfeón. Se trataba de Brahms, no de Carmina Burana(por favor, Cármina).

 

volver
Acceso a la Intranet del Orfeón Pamplonés

C/ Pozoblanco, 15 - 2º · 31001 Pamplona (Navarra) · Tel.: 948 22 20 89 · Fax.: 948 21 29 33 · www.orfeonpamplones.com

Patrocinadores del Orfeón Pamplonés Onda Cero Canal 6 Navarra Gobierno de España - Ministerio de Cultura - Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música Fundación CAN Construcciones Erro y Eugui Gobierno de Navarra Ayuntamiento de Pamplona In&Out Comunicación y Eventos Diario de Navarra Fundación Fuentes Dutor Grupo ISN Estaciones AVIA