Medio: Diario de Navarra
Fecha: 12 de junio de 2010
Entre 1791 y 1795 Haydn conoció directamente en Londres los oratorios de Händel, de los que escuchó al menos "El Mesías" e "Israel en Egipto". Le impresionaron mucho y se propuso medirse con el sajón britanizado. De vuelta a Viena llevó un libreto en inglés, destinado a Händel. Haydn pasó el texto, basado en el primer libro del Pentateuco, los salmos y el "Paradise Lost" de J.
Milton, al barón Gottfried van Swieten, diplomático holandés afincado en Viena, ilustrado, suscrito a ediciones de Haydn, Mozart y Beethoven, pelma y bastante fatuo. Van Swieten, que en la bibliografía suele aparecer como von Swieten, vertió el libreto al alemán. Haydn le puso música y es Die Schöpfung, "La Creación". El genial compositor dedicó dos años a esta partitura, muy burilada, estrenada en privado en 1798, en público el año siguiente y, a juicio de Marc Vignal -meticuloso biógrafo y analista-, la primera de la historia pensada para la posteridad: "Le dedico todo el tiempo, porque quiero que permanezca", dijo el músico.
"La Creación", fruto de madurez extrema, es una obra crucial, directa, fácil de oír, no tanto de cantar y muy rica en el análisis por su variedad y sutilezas, por ejemplo en el uso de instrumentos como clarinetes -que a veces sustituyen a oboes-, trombones o timbales. Sólo ofrece cinco arias, sin da capo,magníficas. Los episodios descriptivos no incurren en la pintura ni en el simbolismo musical, las "imágenes" las encontramos en la orquesta no en las voces y el compositor se atiene al prima la musica e poi le parole.Sobre cualquier otra consideración, este oratorio, sabiamente estructurado, exige atención del oyente despierta y sin desmayo.
La versión, un tanto rápida, salvo el impresionante Chaos inicial, indicado Largo, resaltó las intervenciones corales -45 voces femeninas, 39 masculinas-, decido en ataques, afinado y flexible, que expuso bien los pasajes fugados -Denn er hat Himmel und Erde bekleidetdel Stimmt an die Saiten,el más hendeliano de la obra; Auch unsre Freud" erschalle lautdel nº 26 y el impresionante Wir preisen dich in Ewigkeitdel 30, así como la doble fuga final del último número- y se mostró compacto en la tensa potencia de ese mismo coro. La orquesta -12, 10,8, 6 y 4 en la cuerda- quedó mate frente a la masa vocal. De los solistas, duchos en el género, cabe destacar la seguridad de la soprano, dura en las vocalizaciones, el timbre limpio del tenor y la sólida anchura vocal del bajo, acaso el más experimentado del trío.
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