Orfeón Pamplonés
Entrevistas del Orfeón Pamplonés
Foto: Fernando Argenta

Fernando Argenta

"Tengo mono de micrófono"

Fernando Argenta es hijo del director de orquesta Ataúlfo Argenta. En su juventud, en los años 60, formó parte del grupo de rock Micky y los Tonys, aunque ninguno de los dos datos anteriores es quizá tan conocido como sus “Clásicos Populares” o el “Conciertazo”.

En esta entrevista Fernando Argenta nos regala algunos recuerdos empezando por su infancia, cuando tarareaba música de Strauss y acudía a los primeros conciertos de su padre, hasta llegar a una jubilación que en nada se parece a la inactividad. Hay proyectos a los que no va a poder decir que no.

- ¿Sus recuerdos más tempranos son siempre musicales?
- Muchos sí. Recuerdo los sonidos de la radio, Los Panchos, Los Angelitos Negros de Machín, el anuncio de Norit el borreguito… y también recuerdo algún concierto de mi padre transmitido por radio, sobre todo música de Falla porque a mi padre le pedían sobre todo música española. Y de Brahms, que la dirigía maravillosamente bien.
Y la música que sonaba en las radionovelas, Tchaikovsky, romántica, a todo el mundo en aquella época, aunque no supiera de música, se le quedaron seguro aquellas melodías. Tchaikovsky era la música del momento trágico, dramático, en el que todo el mundo se ponía a llorar.
Algo que me impactó en mi infancia, también, fue quizás la Quinta Sinfonía de Beethoven.

- ¿A qué edad disfrutaba usted con Beethoven?
- Con siete años ya escuchaba algún concierto de mi padre y acudía a algún ensayo. Creo que con seis o siete años fui a mis primeros conciertos y no recuerdo qué interpretaban, pero sí recuerdo que la música de Brahms fue, junto con la de Beethoven, una de las que más pronto entró dentro de mí. Con ocho y nueve años ya tengo los recuerdos más nítidos. A mi padre le gustaba mucho Strauss, y el Don Juan es una música que yo he tenido en el subconsciente muchas veces, lo tarareaba…

- Y quizás en su subconsciente también estaba la idea de que otros niños pudieran tener acceso a la música y de ahí surgió el Conciertazo?
- Posiblemente. Para mí la música clásica era algo muy natural, muy de andar por casa, junto con Machín y los Angelitos Negros estaba Brahms. Y me extrañaba que mis amigos no conocieran nada de esto cuando hablábamos, y que dijeran que era un rollo cuando no conocían esta música. Entonces también hay que entender que mucha gente asociaba la música clásica a la Semana Santa y a los entierros. Aunque conocían más de lo que pensaban, porque las películas tenían una banda sonora que no paraba ni un segundo, la gente pensaba que no les gustaba pero sí que les gustaba cuando lo escuchaban en el cine o en las radionovelas.

- Podemos dar la música a los niños como usted la escuchaba, empezando por Brahms, o hay que dársela en pequeñas dosis?
- Si han tenido un ambiente familiar en el que sonara música clásica se les puede dar de golpe, pero si no han escuchado nada es mejor dosificarla un poco. Yo les solía decir a los niños si conocían algo de clásica y me decían que no, pero cuando les ponía el Aleluya, de Haendel, el primer movimiento de la Primavera de Vivaldi, Rossini… se oía un murmullo porque sí lo conocían.
Con una orquesta como la Filarmónica de Berlín, la Joven Orquesta de Mahler o la Orquesta de Simón Bolívar, quizá si ven gente muy joven tocando, algo que suena tan bien, con tanta energía, quizás sí se podría tocar algo “de golpe”. Pero si no, lo habitual es empezar con algo que ellos conocen. Los niños necesitan escuchar algo conocido, son capaces de escuchar mil veces la misma canción, cuanto más la conocen más les gusta.

- ¿Se trabaja igual que con los niños al intentar educar musicalmente a los adultos?
- Son muy distintos, con un adulto lo único que hay que transmitir es lo mismo que uno siente cuando escucha algo. Se trata de contagiar eso que tú estás viviendo en un momento determinado. Con Clásicos Populares, yo he descubierto muchísima música con la audiencia, porque me obligaban a seguir avanzando. Igual descubría una preciosidad y decía, esto lo pongo esta tarde.
Con los niños es distinto porque el adulto tiene un desarrollo que ellos no tienen, y lo que se trata es no de transmitirles lo que sientes, sino de ponerte a su altura e intentar transmitir lo que ellos pueden sentir.

- ¿Es fácil ponerse a la altura de los niños?
- O tienes ese don o sino es difícil. Yo casi no tengo que ponerme a su altura porque ya estoy a su altura, soy muy niño. Y les trato con naturalidad, no me esfuerzo ni intento hablarles imitando sus expresiones porque no lo necesito, hablo como hablo y ellos siempre han percibido un trato de igual a igual. No me esfuerzo, y si hubiera visto que sufrían un rechazo conmigo no habría seguido en esa línea. Hay que intentar contagiar el entusiasmo sin tratarles de tontos y sin tampoco ponerse demasiado serios, no somos profesores. Hombre, alguna vez he tenido que coger a un chaval a solas y me he puesto un poco serio para explicarle que estaba molestando a los demás, y que si no le gustaba lo que oía no estaba obligado, pero al final siempre he conseguido convencerlo.

- A quien admira Fernando Argenta, además de a su padre?
- A José Antonio Abreu. Le hemos dado el premio Príncipe de Asturias, y digo que se lo hemos dado porque yo estaba en el jurado y luché por que se lo llevara. Como divulgador de la música, es el ejemplo más grande que hay.

- Ataúlfo Argenta dirigió al Orfeón Pamplonés.
- Efectivamente. El Orfeón tuvo un gran momento cuando vivió mi padre, era uno de los grandes orfeones de España, y ahora está viviendo una segunda época dorada. Es un milagro que un orfeón amateur sobreviva a las crisis de los tiempos y sea uno de los más antiguos que hay en Europa. Y conseguir, como lo ha hecho, mantener el nivel, que es tan difícil.

- ¿Tiene algún proyecto entre manos, ahora que ya no está en la radio?
Sí, me están llegando proyectos, no me ha hecho falta moverme porque me están llamando. Y tengo que estudiar todo detenidamente para no meterme en un berenjenal. Si algo tiene de bueno la prejubilación es que puedo ir al cine, dar un paseo, leer una novela… y claro, meterme otra vez en el estrés no me gustaría.

- ¿Acabará “picando”?
- La verdad es que me gusta lo que hago, ahora tengo mono de micrófono y de hacer muchas cosas.

- No se marchó contento.
- Digamos que no me fui feliz, te puedes ir más o menos contento cuando ves que no quieren prescindir de ti pero que tiene que ser así, pero yo no he visto ninguna voluntad. No me han discriminado, ni para bien ni para mal, han querido hacer tabla rasa con todo lo que había y nos hemos ido 4500…

- Vayamos con recuerdos más alegres. Dígame un momento inolvidable.
- La cara de los niños en el Conciertazo ha sido de lo mejor. Todas esas caritas allí, asombradas ante el sonido de la orquesta, aplaudiendo como locos…hasta eso me criticaron los talibanes de la música clásica, que son pocos pero hay que ver el ruido que hacen. Que los niños se levantaran en los conciertos. Que eso era mala educación. Ojalá los adultos se levantaran en un concierto de la pura emoción de escuchar.
Y algo también que no olvidaré es que la gente me pare en la calle, en un bar, y que me paren para decir que sienten que me haya ido. Me desborda. Es mi mejor premio y no tengo que olvidar que soy un privilegiado por todo esto, por haber disfrutado tanto con mi trabajo y además que la gente que lo diga por la calle. Que alguien que se dedica a divulgar la música clásica en España y con niños sea apreciado y hasta cierto punto popular, yo es que no me lo creo. Que Clásicos Populares tuviera 300.000 oyentes diarios (llegó en algunos momentos a los 500.000), y que estuviera 32 años en antena es algo de lo que me siento muy orgulloso.
 

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