Orfeón Pamplonés
Entrevistas del Orfeón Pamplonés
Foto: Eduardo Bazo, director de escena

Eduardo Bazo, director de escena

"Intento tocar el alma del espectador"

La Escolanía del Orfeón interpretó la ópera infantil Brundibár, de Hans Krása, en Pamplona, Bilbao, Oviedo y Madrid. La versión de este Brundibár combinaba la ópera en sí con la situación particular en la que inicialmente se compuso e interpretó, en un campo de concentración con los niños judíos como protagonistas. Uno de los principales culpables de esta particular orientación de Brundibár, que buscaba hacer entender los miedos más profundos en el ser humano, fue su Director de Escena, Eduardo Bazo.

- ¿Usted comenzó como director de teatro?.
- Mi formación es realmente esa, pero tengo la suerte de ser un hombre inquieto, así que empecé a investigar en el mundo del audiovisual, después en publicidad, y además soy un fanático de la música, desde la comercial hasta la clásica, me gusta toda.
Para mí acercarme a los músicos ha sido siempre un privilegio, que ellos me dejen trabajar a su lado es increible. Es lo que me ha pasado cuando estaba con la Escolanía, que el director Juan Gainza me permita opinar sobre cómo va a cantar el coro es una maravilla.

- ¿Qué procesos previos supone preparar un proyecto como Brundibár?
- Antes de llegar a la sala de ensayo, un proyecto de estas características supone empezar casi un año y medio antes. Hay que ir sumando qué elementos se necesitan para montar bien una ópera, el reparto, escenógrafo, iluminador, efectos especiales… el director suma intenciones y trata de convencer a todos hasta que llega un día a la puerta de la sala de ensayos y tiene que contárselo todo a un montón de niños.

- ¿Cómo les contó a los niños qué suponía interpretar esta obra, sabían ellos qué había sido el holocausto?
- Les tuve que hablar de dolor a unos niños a los que probablemente su mayor frustración haya sido que un día les hayan quitado la tele o no les hayan dejado salir el fin de semana. Les tienes que hablar de represión, dolor, hambre, te miran y…  hubo un momento mágico cuando ellos entendieron qué era el dolor, y esto nos permitió ponerlo en marcha en Brundibár.

- ¿Cuál fue ese momento?
Ellos ya sabían algo porque habían trabajado la obra para cuando llegué yo, el director les había contado que se montó en un campo de concentración. Yo les leí el texto y hubo un momento en el que les conté que la profesora de canto moría, y ahí sí vi que les había golpeado en la sensibilidad. Mandé adaptar la obra dándole más importancia a ese momento.

- ¿Fue quizás lo más duro para usted?
- No, el peor momento fue lo que lloraron los niños al despedirse de mí cuando terminó la última representación en Madrid, se acababa el espectáculo para ellos. Me hicieron pasar un mal trago. Y lo mejor, conseguir que en el patio de butacas lloraran los espectadores, en este caso también niños… nunca había visto esto.

- ¿Qué se buscaba despertar en el público?
No me quería quedar en el discurso facilón, quería que les llegara a los niños el mensaje de luchar contra el miedo. Esta obra la diseñé pensando en mi hija, que tiene 14 años, y que se enfrenta ahora a la pubertad y a los miedos… intentaba transmitirle un “no tengas miedo, agárrate a algo que te ayude, a mí me ha ayudado la música y espero que a ti también”.

- Para la Escolanía ha habido un antes y un después de Brundibár.
- Han conocido un mundo muy bonito, en este país se sigue cometiendo el error de pensar que el teatro no tiene que estar en los colegios, como se hace en otros países de Europa, el teatro da una formación impresionante. Con la actuación se puede ver, por ejemplo, cómo un adolescente problemático se transforma en un personaje de un cuento y se libera de toda esa problemática, cómo van poniendo sentimientos, cada día mostrando cosas más bonitas de ellos mismos que ellos mismos no conocían.
Los chavales de la Escolanía han tenido además la oportunidad de trabajar con un grupo de actores profesionales, de guionistas, músicos, ellos de repente le preguntaban cosas al barítono, le cantaban a la soprano canciones y le hacían llorar…

- Usted ha tenido además una relación muy estrecha con estos niños.
- Sí, también para mí ha sido un aprendizaje conocerlos, son un coro del que muchos coros adultos deberían aprender.  Cuando los conocí me encontré con un coro disciplinado, educado, que sabe que cuando habla el director se calla todo el mundo, y esto no es muy habitual. Me encontré además con un gran director, Juan Gainza, que sabe llamarles la atención,  que les quiere, les protege, les ayuda, sabe quitar del reparto a alguien, con lo duro que resulta…le admiro.

-¿Con qué proyecto sueña Eduardo Bazo?
- Me gustaría hacer una versión musical de la comedia de la comedia de los errores de Shakespeare, pero es muy compleja de producir porque tiene que haber cuatro cantantes iguales, es una historia de dos gemelos de la que ya se han hecho versiones en cine y en teatro, pero me gustaría poder acercársela a los jóvenes, que además gran parte de la obra fuera rap.

- ¿En función de qué elige sus proyectos?
Siempre busco que lo que cuento me resulte interesante. Que el proyecto cuente algo que conmueva de alguna manera a la sociedad, que toque el alma del espectador. Y no sólo en el sentido didáctico de querer enseñar, a veces me divierte simplemente hacer reir porque el humor es una de las cosas más liberadoras de la vida.
 

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