"Hay que perder el miedo a la música clásica"
Fernando Palacios, navarro de Castejón, narrador, compositor, intérprete, inventor de instrumentos, profesor de pedagogía musical, adaptador de textos y obras, asesor pedagógico… difícil definirlo en dos pinceladas. En estos momentos, Palacios es, además de todas estas cosas, el nuevo director de Radio Clásica.
Fernando Palacios es un hombre extrovertido, con voz de radio, de protagonista de un serial de los de antes. Contesta tranquilo y disfruta conversando sobre sus nuevos horizontes profesionales, que no se salen de la línea que comenzó hace ya años, cuando decidió trabajar dentro del mundo de la pedagogía musical.
De todas estas cosas, ¿qué es más Fernando Palacios?
Esto va por temporadas. Yo pertenezco a una generación de músicos inquietos a los que nos han gustado tantas cosas que hemos picoteado de distintas maneras de disfrutar la música, y al final me he ido dedicando a la combinación de varias de esas maneras. En mi carrera (soy profesor de pedagogía musical) ha habido momentos en los que he combinado varias cosas, pero es normal en un campo tan amplio como es el de la educación musical. Radio, presentación de conciertos, organización de departamentos educativos… todo está relacionado.
¿Está muy desarrollado este campo de la pedagogía musical en España?
La verdad es que era un campo virgen hasta hace digamos quince años, en España no había ningún departamento de educación perteneciente a una entidad musical cultural, es decir, una orquesta o un teatro de ópera no tenían ningún departamento pedagógico, yo he tenido que empezar a trabajar en este sentido.
Y gran parte de este trabajo lo he realizado por encargo, porque al faltar me han pedido que lo hiciera; en algunos casos he tenido que mirar qué había y en otros casos inventarlo, siempre con la intención de darle al mundo de la educación musical y de la difusión de la música un cuerpo completo. En el camino he tenido que utilizar muchas de las cosas que me han interesado: dar conciertos, presentarlos, hablar de música, escribir sobre ella, componerla, hacer cuentos…
¿Por qué la gente sigue pensando que ir a un concierto no es como ir al cine, que se van a aburrir?
Hay una especie de culebrón histórico que dice que la música clásica es aburrida, y la música nunca ha pretendido serlo. Un compositor no pretende ser aburrido, y cuando a lo largo de siglos y siglos gusta a mucha gente, será porque tiene unos puntos de interés, digo yo, y que no es aburrido para mucha gente. Si resulta aburrido para otros, habrá que buscar la raiz del problema, quizá radica en que la música clásica es exigente, y no aburrida.
Quien esté acostumbrado a dejarse llevar sin más, como el que ve cierto tipo de televisión y deja que le entre simplemente por los sentidos seguramente no disfrutará como el que activa todos los mecanismos para entrar en el disfrute de la obra de arte. Quien no esté dispuesto a activar todos los mecanismos ni hacer ninguna actividad, seguro que se aburrirá, pero de nuevo esto consiste en adquirir una costumbre, es decir, en educación.
Como director de Radio Clásica, uno de sus principales objetivos es abrir la música clásica a mucha más gente?
No es mi único objetivo, es uno de tantos. El público se ha reducido, necesitamos a mucha más gente. En España ha crecido enormemente la producción musical, en 20 años ha habido un crecimiento increíble con tantas orquestas, tantos festivales, tantos auditorios…hubo un tiempo en que había tres festivales en toda España, y ahora uno no sabe dónde ir. Este país ha pegado un salto en el vacío total, y la cuestión es si el público ha pegado también ese salto, a mí me parece que no en la misma medida.
Habría que conseguir que ese público pierda el miedo a disfrutar con la música clásica, ese miedo a aburrirse, y esto pasa por ofrecer la música clásica de forma amena, aunque también rigurosa.
Me encantaría que Radio Clásica figure entre las emisoras que escucha la gente, que sea un elemento de discusión y no sólo que se comente que es una joya, un hecho cultural único… que siga siendo una joya y un hecho cultural único, pero que también haya mucha gente que la escucha.
¿Quizá con más debates sobre temas actuales?
En una sola emisora es muy difícil que haya de todo, si hubiera de todo lo que tiene que haber no habría tiempo para escuchar una sinfonía de Mahler, que también tiene que escucharse. Hay que buscar un equilibrio para que pueda haber debates o tratarse temas importantes sobre la música, pero que también se pueda escuchar, porque también hay mucha gente que escucha radio clásica con una atención ligera y no le gusta que se hable demasiado. Hay que buscar un equilibrio.
Hablaba usted hace poco de enganchar a los niños y a sus profesores, ¿serían unos conciertos didácticos por radio?
Sí, y este tema no es nuevo, porque el penúltimo programa que hice yo en la radio hace ya quince años fue un programa educativo. Era un programa que se grababa en un centro educativo, y se hacía con los niños tocando y cantando.
Una de las primeras cosas que haremos será posiblemente reponerlo, y seguir buscando la manera de combinar radio y educación como quizá hacer programas en horario escolar para que el colegio que esté interesado pueda conectar con Radio Clásica y realizar alguna actividad con los alumnos.
¿Sólo pueden aprender los niños? ¿La música es como los idiomas, que hay que empezar de pequeño?
Todo el mundo puede aprender, aunque es cierto que la música es un lenguaje, y los lenguajes se aprenden mejor de pequeños.
Habría que conseguir en este terreno que los niños y los jóvenes sean considerados un público tan válido como el de abonados a un concierto.¿Por qué una orquesta debe dirigirse solamente a los mayores? Que se haya hecho casi siempre así no quiere decir que sea lo adecuado, habrá que replantearse este tipo de cosas.
Y por otra parte, hay un segundo motivo por el cual los niños son tan importantes, y es que son el público adulto de mañana. En otros países la afición está cayendo como quien cae rodando por una montaña, de ahí que sea tan importante crear este nuevo público a partir de la educación.
¿Y a los adultos? Cómo se les va a hacer más masticable la música?
Si no se sabe que existe algo, cómo vamos a conseguir que se oiga. El “boca oido” sería bueno, que se digan “está muy bien Radio Clásica”, y que hablen de ella como si fuera casi un programa del corazón. Que dijeran “por la noche hay un programa estupendo, o puedes escuchar la orquesta de tu comunidad un día a la semana”. Será necesario realizar algún tipo de difusión o marketing para que la gente se entere de que existe esta emisora, de que hay muchos programas y que alguno lo va a disfrutar.
Volviendo a las iniciativas didácticas con niños, usted está muy involucrado con los Conciertos Escolares y en Familia del Gobierno de Navarra.
Sí, Navarra además es un caso claro de cómo se puede empezar de forma modesta y, diez años después, haber llegado a la explosión de un proyecto como la ópera Brundibar, que acabamos de hacer, lo más difícil, complejo y tremendo que hemos hecho.
Es un proyecto que llevaba yo acariciando hace mucho tiempo, cuando se estrenó hace diez años en España organizado por el Teatro del Liceo. Yo quería hacerlo en Pamplona, pero no estábamos preparados, necesitábamos tener un coro de niños sólido, una organización de conciertos en condiciones, un presupuesto…
Cuando ya empezábamos a ser una organización más estructurada, con más presupuesto, empezamos a pensar en hacer este Brundibar. Y aprovechando que yo era asesor pedagógico no sólo en Navarra sino en el Teatro Real dijimos que por qué no hacer una coproducción, a la que se sumaron después Bilbao y Oviedo.
Primero teníamos que saber si había un coro en condiciones en Navarra para asumir no sólo el coro sino los papeles solistas. Vi que la Escolanía del Orfeón daba una calidad extraordinaria y que nos podíamos meter en este lío, y nos metimos.
La experiencia ha enriquecido además no sólo a los niños del público, sino en este caso a los propios cantantes, los niños de la Escolanía.
Yo sabía que para los chavales del coro formar parte de esta ópera iba a ser vital y se iban a acordar toda su vida. Va a ser un impulso para seguir queriendo cantar y haciendo música escénica, disfrutando de esa parte que tiene el teatro de escenario, de acción, de dramatismo.
¿Estudió música de pequeño?
No, me gustaba y estaba siempre con la guitarra cantando, pero hubo mucho de autodidacta en mí hasta que, con 16 años, me puse a estudiar solfeo en el Conservatorio hasta acabar la titulación superior.
Usted puede trabajar en lo que más le gusta, y luchar por que las cosas cambien, ¿se ve como un privilegiado?
Sólo con trabajar en la música ya me siento un privilegiado, pero trabajar con la música y en el terreno de los niños es un privilegio doble. Es un mundo magnífico donde desaparece el cinismo, donde casi todo es verdad.
A todos aquellos que están estudiando música y que no saben hacia dónde llevar sus carreras, les podría decir que la pedagogía musical es un mundo maravilloso.
Texto: Silvia Ansorena. Foto: Javier del Real.
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